Manuel G. Buciños (1980-90)

El escultor Manuel García Vázquez es conocido por el sobrenombre de Buciños. Buciños es el topónimo de la parroquia lucense donde nació en 1938. Se licenció en Bellas Artes en la Escuela Superior de San Fernando de Madrid completando su formación en Hungría, y realizando trabajos en diversos talleres así como realizando obras para espacios públicos.

Su arte y estilo se fue destacando del resto de artistas de su época hasta crear un estilo personal que ha llegado a crear escuela en Galicia y un gran prestigio en el extranjero. Su escultura ha llegado a las principales salas de arte internacionales, colecciones privadas y museos de todo el mundo.

En 1993 la Real Academia Gallega de Bellas Artes nombre a Buciños como académico numerario.

La mayor parte de su obra la ha realizado en Ourense reuniéndose con jóvenes artistas llamados los artistiñas por su extrema juventud. En este grupo había artistas de la talla de Jaime Quesada, José Luis de Dios, Acisclo Manzano, Xavier Pousa y otros.

Buciños goza de una gran intuición, de sensibilidad exquisita y de gran ternura. Inicialmente trabajaba la madera con gran delicadeza y simplicidad, en las que las vetas de la madera se asemejaban a ropajes y pliegues.

El bronce se fue apoderando de su obra poco a poco utilizando las oquedades como parte de la obra y de la escultura en si misma.

La figura humana recibe una especial atención del artista, especialmente el cuerpo femenino, que utiliza para representar sus sentimientos sobre la maternidad.

El candor y la voluptuosidad se proyectan en la materia prima escultórica a través de líneas redondeadas, estilizadas y volúmenes ligeros que tratan de enfatizar los conceptos de levedad y ligereza.

Enlaza la temática de la maternidad con el mundo infantil, un reino ocupado por alegres infantes con ciertos tintes de ingenuidad. El abrazo es otro tema recurrente en su obra: mujeres entrelazadas con hombres, madres e hijos; la representación del amor humano gracias a materiales como la cálida madera e incluso el bronce. La extrema delicadeza y sensibilidad de este escultor no pasa desapercibida. Déjese seducir por este cálido y sensual reino de la línea curva.

Las curvas pronunciadas, los volúmenes a un tiempo rotundos y suaves, la airosidad de sus criaturas, dan a la escultura de Buciños una muy definida personalidad.

Sus monumentos, a personajes históricos o con afán puramente ornamental, abundan en las ciudades gallegas. Habitualmente trabaja formatos pequeños, si bien la monumentalidad está en su concepto de gran creador de formas corpóreas. La escultura de Buciños parece contener vida. Su vitalidad se expande a borbotones, y aunque a veces sea testimonial de una ruralidad dura de Galicia, la alegría comunicativa termina por imponerse en cada una de sus piezas.