Agustín Querol (s.XIX)

La escultura de finales del siglo XIX se caracterizará el definitivo abandono del idealismo romántico a favor del realismo.

Esta época fue muy productiva escultóricamente en España gracias al buen estatus de la burguesía adinerada, a los ayuntamientos y otras entidades públicas.

Las esculturas se situaban en plazas, parques, calles, fachadas y en cementerios. Fue una época de gran esplendor para la escultura urbana favorecido por el impulso cultural burgués como si se tratase de una moda.

El realismo invadió a las obras escultóricas con un mimetismo de lo natural con gran detalle. Los materiales que se empleaban en esta época eran fundamentalmente el bronce y el mármol llegando incluso a combinarse con objetivos cromáticos.

En esta época hubo gran cantidad de escultores pero pocos fueron los que sobresalieron. En España podemos destacar a Jerónimo Suñol y Pujol (1839-1902), Ricardo Bellver y Ramón (1845-1924) y Agustín Querol y Subirats (1860-1909).

En Vigo podemos contemplar parte de la obra de Agustín Querol y Subirats, siendo una de las pocas ciudades que tenga 2 obras escultóricas del autor en su haber. Destacando que una de ellas está compuesta 5 figuras de bronce independientes.

 

Agustín Querol y Subirats

Agustín Querol y Subirats nace en Tortosa (Tarragona) en 1860 y muere en Madrid en 1909. Se dice que hizo de panadero con sus padres hasta los 18 años y ya en el horno del pan cocía figuras modeladas en barro. En sus comienzos se formó como alumno de Ramón Cerveto y en el taller de los Vallmitjana. Aprendió anatomía en el aula de disección de la Facultad de Medicina.

Tuvo muchos fracasos y mala suerte al principio hasta que en 1883 se traslada a Madrid para participar en el concurso de pensiones de número que ofrecía la Academia de Bellas Artes para estudiar en Roma. Obtuvieron la plaza Eduardo Barrón y Agustín Querol, quien se trasladó a Roma en 1884.

Tres años después, en 1887, presenta en Madrid el grupo escultórico ‘La traición’ (Jardines de la Escuela Normal) ganando la Medalla de Primera Clase en la Nacional de Bellas Artes.

En 1882 le fue adjudicada la decoración del frontón de la Biblioteca Nacional de Madrid, gracias a la protección que le dispensaba Antonio Cánovas del Castillo, y para quien más adelante diseñó su sepulcro en la madrileña Sacra mental de San Isidro.

Querol, dotado de una extraordinaria facilidad para el modelado y de gran flexibilidad para adaptarse a todo tipo de realizaciones, aceptó gran diversidad de encargos de monumentos conmemorativos. El de Quevedo, en Madrid, es uno de los muchos ejemplos que se prodigaron no sólo en España, sino también en numerosas ciudades hispanoamericanas, como es el caso de La Habana, Buenos Aires, Lima, Guayaquil, etc. Para ello dispuso, en su taller madrileño, de un numeroso grupo de artistas, cuya distinta profesionalidad viene a justificar la diferente calidad que manifiestan las obras de Querol.

En 1888 regreso a Madrid donde le fue concedida una pensión de mérito para regresar a Roma

Monumento a Méndez Núñez (1890)

Presenta en su frente un cartel de bronce con forma de pergamino. En lo alto del pedestal se yergue la figura del contralmirante con su atuendo militar sosteniendo en su mano izquierda unos prismáticos y un sable. El pedestal es de granito y diseñado por Jenaro de la Fuente Domínguez. La escultura fue fundida en Italia.

En la parte posterior existe una placa de mármol con la siguiente inscripción: “Al contralmirante de la Armada don Castro Méndez Núñez en premio de insignes victoria se erigió este monumento por suscripción pública a iniciativa del Gimnasio. Agosto 21 de 1890”

Monumento a José Elduayen (1896)

Posiblemente sea el monumento conmemorativo de mayor calidad de todos cuantos se hicieron en Galicia en esa época. El realismo de la figura es sorprendente. Según las palabras del propio homenajeado, José Elduayen: “...la obra que admiramos ha rebasado el límite de los mucho que me prometía...”.

El pedestal fue ejecutado por Jenaro de la Fuente Domínguez. El monumento se compone de 5 figuras. La escultura de Elduayen en lo alto del pedestal con los planos del puerto y la ciudad en la mano. Y en la base cuatro figuras más con pedestales menores. Cada una de estas cuatro esculturas con corte clásico son una alegoría de los cuatro ministerios de los que fue titular José Elduayen: Hacienda (mujer con un arca y un libro abierto), Gobernación (mujer con riendas en la mano), Ultramar (mujer con un timón) y el Estado (mujer con una cartera y una serpiente levitando sobre su hombro, símbolo de sutileza).

Bibliografía:

  • Escultura urbana: www.esculturaurbana.com
  • "Historia dos Monumentos de Vigo" por Lalo Vázquez Xil. Edición Concello de Vigo