El Museo do Mar de Galicia nace ya reforzado en su orientación marítima por su propio emplazamiento, el del mismo litoral
de la ría, en la denominada Punta de Muíño situada en la parroquia de Alcabre. Este entrante de tierra en el mar, tan característico
de estas costas, permite contemplar toda la extensión de la ría, desde el estrecho de Rande hasta las islas Cíes, con un perfil
recortado en mar abierto.
La autoría del proyecto inicial es de Aldo Rossi y César Portela, si bien fue este último quien se hizo cargo de su ejecución
incorporando variaciones siempre acordes con la idea original.
Cualidad distintiva de este proyecto es su condición de conjunto urbanístico en el que se integran distintos edificios y espacios
al aire libre delimitados por un muro perimetral y por el propio mar. La articulación de todos los elementos permite una transición
sin ruptura desde la terra firme, con clara vocación urbana, hasta el mar, reflejo mismo de un país en el que no existen límites
precisos entre lo urbano y el contorno natural. El recorrido del conjunto, aun siendo flexible, está proyectado con una marcada
intención racional que persigue combinar el deleite de la contemplación del paisaje con las más altas exigencias de funcionalidad
museológica.
Acuario del Museo
En el acuario del Museo do Mar de Galicia podrás disfrutar observando los principales ecosistemas marinos que se encuentran
entre el propio muelle del Museo hasta la costa acantilada de las Islas Cíes. Una transición que te permitirá conocer las
principales especies. En la zona costera, la influencia del hombre es alta, modificando el sustrato e incluso la columna de
agua mediante la construcción de muelles y rompeolas. Muchas especies buscan refugio en este nuevo hábitat, peces pelágicos
como la sardina, o espáridos y lábridos como sargos, doradas, pintos o besugos e incluso de fondo aprovechando los intersticios
de las rocas del rompeolas como el congrio o bogavante y otros crustáceos. Con ellos una importante variedad de invertebrados
de todos los tipos. Saliendo del puerto, enseguida alcanzamos las zonas de cultivos semiextensivos en batea, que se iniciaron
con el mejillón pero que actualmente se extiende a otros bivalvos.
Bajo el refugio de las cuerdas de las bateas, al igual que lo que acontecía en el puerto, muchas especies aprovechan este
nuevo hábitat creado por el hombre. Especies semejantes a las que se encuentran en el puerto. Sin embargo, los fondos bajo
las bateas se ha transformado debido a las heces y pseudoheces de los mejillones. Donde antes había arenas, ahora hay fondos
limosos y con poco oxígeno debido a la materia orgánica en descomposición. Los fondos se hacen progresivamente más limpios
a medida que alcanzamos las Cíes. En estas zonas de aguas más batidas dominan los percebes en las rocas y las algas calcáreas
que forman los fondos de Maërl. Con ellos peces pelágicos como las obladas, chopas, bogas y demersales como el abadejo. Pero
los peces pelágicos, no son especies que se queden en sólo hábitat así que los bancos de sardina y de otros pelágicos se mueven
entre todos ellos.
Para más información sobre el museo:
http://www.museodomar.com