En la época medieval Vigo es una villa costera con apenas unos pocos cientos de habitantes. El núcleo urbano se desarrolla en la franja del litoral por las zonas del Berbés y el Arenal. Las actividades pesqueras y comerciales favorecen el desarrollo de la ciudad, muestra de ello es el palacete urbano de Ceta o Arines de gótico tardío del siglo XV y el contiguo del siglo XVI.
La casa de Ceta se encuentra en el número 2 de la plaza de Almeida y representa una de los únicas representaciones de arquitectura culta del siglo XV. Al lado de esta, en el número 4, se encuentra el palacete urbano de la familia de Pazos y Figueroa de estilo renacentista plateresco.
A finales del siglo XVI aparecen las edificaciones costeras a lo largo de la playa de la ribera del Berbés y el actual Casco Vello ya está consolidado bajo la protección de las murallas. Todavía podemos contemplar ejemplos de las viviendas de la ribera del Berbés.
Como ejemplo de arquitectura religiosa de esta época tenemos la iglesia parroquial de Bouzas que se empezó a construir en 1577, dañada en 1589 por ataque inglés, y terminada finalmente en 1625. Llama la atención el hecho de tener la torre ligeramente adelantada respecto al plano de la fachada.
En los siglos XVII y XVIII se produce un estancamiento el proceso expansivo urbano. En el siglo XVII destacan las construcciones militares de las fortalezas de san Sebastián y el castillo del Castro para evitar nuevos ataques como los que ya había sufrido la ciudad años antes.
En el siglo XVIII se funde el estilo tradicional barroco con el nuevo gusto neoclásico. Un ejemplo de esto es la casa de Pereira de Castro en la plaza de la Constitución número 8. Otro ejemplo sería la casa de López Araujo en el número 33 de la calle Real.
En el siglo XIX la ciudad se va saturando y se produce una intensa actividad reedificatoria que provoca la desaparición de edificios de gran valor histórico. Las murallas de la ciudad se empiezan a destruir para ganar nuevos espacios de edificación.